A pesar de los esfuerzos por consolidar una paz duradera, muchas instituciones educativas enfrentan problemas de intolerancia, agresividad y falta de diálogo. La ausencia de una formación sistemática en valores limita las oportunidades de construir relaciones sanas entre los miembros de la comunidad educativa. Es necesario, por tanto, incorporar de manera intencional la educación en valores como eje transversal del currículo.
Aquí nace la pregunta:
¿Cómo puede la educación en valores contribuir a fortalecer la convivencia escolar en contextos marcados por la violencia y la exclusión social?